Far too good looking to do the cooking...

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Friday, June 12, 2009

Kiss of the spider woman

Estoy hecha conchis después de un parcial de Semiótica que tuve hoy, pero estoy entusiasmada ya que mañana voy al teatro, a ver "El beso de la mujer araña".

Que puedo decir, amo el libro, amo la película, amo a Manuel Puig así que sólo me falta amar la obra... y bueno el musical eventualmente cuando lo repongan jaja.
Las razones por las que amo el libro son bastante evidentes, sólo Puig pudo juntar a un gay con una fasinación por las divas y las películas de los 40 y un guerrillero revolucionario de los años 70 en una celda de prisión...
Aparte, creo que Tortonese es perfecto para hacer de Luis Molina.
No sé creo que voy a llorar mucho igual dado a que lloré con el final del libro y ni hablar con la película asi que pretendo llevar mucho pañuelito de papel para esta mariconcita je.



En las fotos: a la dereha William Hurt que ganó el oscar a mejor actor por esta película y a la izquierda el ya fallecido :( Raúl Juliá (L)

Thursday, March 12, 2009

Peter with R

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Puedo escribir paginas enteras sobre como Morrissey o Babasónicos cambiaron mi vida en muchos aspectos pero, por algún motivo, no puedo poner en palabras todo lo que siento por Peter Doherty (como él quiere que le llamen ahora).

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Ser fan de Peter implica adoptar una posición defensiva constante en cuento a las apreciaciones exteriores, basadas generalmente en las primeras impresiones fabricadas por los tabloides de turno.

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Sin embargo, cuando me encuentro justo en la posición adecuada para hacer oír los muchas razones por las cuáles amo a este chico es como si mi celebro careciera de raciocinio alguno y todos los sentimiento vinieran del estomago apelotonaran en la garganta sin poder salir de mi boca.

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Es frustrante pero también es probable que no intervenga razón en esto y por eso no encuentre las palabras para explicarlo.

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Hoy mi Pete (porque para mi siempre va a ser PE-TE) cumple 30 añitos y aunque estaría bueno que reconsidere varios aspectos de su vida, yo siempre lo voy a querer como es ( ya sabes no amo que te drogues pero te amo aunque te drogues Pete) y le deseo lo mejor para su vida personal y todo el reconocimiento que su carrera artística se merece. Cheer up! Thirties are the new twenties!

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Love you.

Friday, March 06, 2009

Tonta, pobre tonta...

Cuando tenía 7 años, allá por 1991, solía ver con mi mamá, la novela "Celeste", que protagonizaba Andrea Del Boca. Dicho programa era bastante avanzado para su época (cosa de la que recién ahora me doy cuenta) ya que, Dora Bareth (la suegra villana) moría de HIV y tenía un hijo drogadicto.

Me siento en la obligación de aclarar que en ese entonces, ante la falta de información (que continúa lamentablemente hasta el día de hoy) muchas personas creían que el HIV era patrimonio de los pobres y los homosexuales.

En las novelas los personajes se enfermaban de causas desconocidas que, como todo el resto de la novela, no tenían ningún paralelo con la realidad. En conclusión, el personaje de Dora Bareth era una señora de clase alta, enferma de HIV, en una novela "rosa", todo un adelanto.

Ahora, hoy me di cuenta de algo que no entiendo y es ¿como es que mi progenitora me dejaba ver esta novela, cuyo contenido “no apto para menores” estaría claramente a la vista y un par de años después me prohibiría terminantemente mirar, el éxito del momento, "Montaña Rusa"?...

Digamos que ahora, luego de apreciar las sendas repeticiones del canal Volver, me di cuenta que el programa era bastante malo y agradezco que hayan sido tan selectivos en cuanto a lo que debía ver pero en su momento me molesto mucho, porque esa novela era "la pomada" y yo aunque fuera "chiquita para ver eso" me sentía afuera del mundo ¡exijo una explicación contundente sobre es asunto!





PD: Yo creo que Andrea es una de las actrices más lindas de la Argentina, sólo deberíamos ajusticiar al asesor de imagen que le pone esos vestidos de señora con 20 años más y ese pelo color remolacha...



Wednesday, February 18, 2009

Vos tenes la verdad de la vida (?)






If fashion is your trade
Then when you're naked
I guess you must be unemployed, yeah?




Thursday, February 05, 2009

Yo no me quiero casar y usted?

Estudiar Habermas me sirve para confirmar que el patriarcado burgués sólo es la reproducción del capitalismo.











PD: La Escuela de Frankfurt me perseguirá guiará el resto de mi vida, sepanlon.

Saturday, January 31, 2009

Feeling like aduehwur@ehui....



"And when I'm lying in my bed I think about life And I think about death And neither one particularly appeals to me"

Friday, January 30, 2009

Please, please, please... Let me get what I want this time.



Si hay algo que odio profundamente cuando escribo cosas como estas es imaginar que el que lo lea pensará que es otra catarsis adolescente de cabotaje a la que estamos todos tan habituados en este medio, pero como la adolescencia paso sin pena ni gloria por mi vida hace ya un tiempo quiero creerme libre de tal catalogo.
Todo comenzó hoy cuando recordé el exacto momento en que las cosas empezaron, lisa y llanamente, a irse al carajo (porque no hay otra palabra para describir lo que pasó) me di cuenta que fue hace bastante tiempo y, aunque no todo lo que me ha ocurrido los últimos años fue malo, a razón de los sucesos acumulados el año anterior, tuve las sensación de que todo sigue su curso irrefrenable hacia el desastre total.
Lo extraño es que no tengo miedo sino tristeza e impotencia por sentir que, a pesar de todos los esfuerzos que hago, todo se me va de las manos, siento que no hay nada que pueda controlar, ni hacer para que el curso de las cosas cambie definitivamente.
Mi psicóloga dice que no debería estar metida en la mitad de las cosas que me preocupan, pero es imposible cuando, sumada a toda mi debacle personal, paso las 24 horas encerrada, mezclada entre dos personas para las cuales soy, a esta altura, lo único que tienen en común.
Y me pregunto si esta era la edad a la que yo tenía que vivir esto ¿no sé supone que debería haber pasado en la adolescencia?. Aunque hubiera sido bastante más traumático, lo hubiera preferido porque ahora debería esta ocupada en otras cosas y esto esta consumiendo lo poco que me queda de celebro (el otro poco las 9 horas que estudio que dedico por día para demostrarme que: si, voy a poder dar dos materias en febrero y que no soy un fracasada que no puede proponerse algo y cumplirlo).
Hace mucho que no me sentía tan sola, tan aislada. Quiero verlos a todos y a la vez no quiero que nadie me vea así. Después de todo, tengo derecho a ser egoísta una vez en la vida, a no querer compartir mis sentimientos con nadie hasta que pueda resolverlos, por que si hay algo que sé, es que así como sola me metí en todo ente embrollo, sola voy a tener que resolverlo.

Friday, April 18, 2008

Time is agaist me now


Si le cabe el análisis, mi vida debe ser la menos punk de todas y, sin embargo, en estos días, me doy cuenta que, al igual que en dicho género, algunos estaban en una banda de sin saber tocar un instrumento, yo transcurro una vida, prácticamente, sin saber como vivir. Ya sé que es bastante probable que nadie lo sepa, pero yo parezco muy poco predispuesta, aunque sea, a disimularlo.
En mi visión distorsionada de al vida, los demás siempre la pasan mejor, tiene mejores cosas, consiguen lo que quieren. Y a veces me pregunto ¿Cuándo voy a empezar a vivir mi propia vida? A mirar en línea recta hacía lo que depare el mi camino y no distraerme con lo que pasa al costado.
Por otro lado, nunca me gustó lo forzado, siempre creí en lo casual y cuando las cosas nos se dan de la manera adecuada, o de la manera en que yo quiero que se den, le hecho la culpa a las casualidades del destino, de lo cuál no sé deduce que no le ponga esfuerzo a las cosas.
Para mi lo forzado es otra cosa que tiene que ver con eso de mirar al futuro. Es lo planeado, lo premeditado o lo que se hace inevitable calcular siempre al margen de cada situación. Por eso es que, la mayoría de las veces, odio organizar y esquivo todo tipo de planes que me aparejen pensar demasiado en ese tiempo verbal que me perturba.
No me gusta comprometerme con el mañana y si pudiera vivir día a día, al modo mismo del refrán, lo haría con placer. Sería como vivir a través de pequeñas metas, que supondrían darme pequeñas felicidades diarias. Pero, hoy me doy cuenta que vivir así es como estar una maratón en la ruta, donde todos corren y uno va por la banquina caminando. Siempre se oye que alguien gano a lo lejos mientras a mi me queda la mitad del camino. Pero es mi elección, aunque ahora me queje, no puedo culpar a nadie por ello.
Es por todo esto que hoy siento que, en ciertos aspectos de mi existencia, los años se me vinieron de golpe y el tiempo me llevó por delante sin que yo lo previera.
Si pongo mi vida en una balanza, y retrocedo 5 años, nunca me hubiera imaginado a mi en una carrera universitaria y, sin embargo, acá estoy contra cualquier auto-pronostico, viviendo una etapa de casi enamoramiento con mi carrera, que no sé cuanto durará y, obviamente, debido a mi condición anteriormente descripta, no me lo pregunto con mucha frecuencia.
Pero, de otro lado esta ese aspecto eternamente irresoluto que, a un año de cumplir el cuarto de siglo viva, molesta más que nunca: el sentimental.
Si, suena tan repugnante como cursi, pero creo que a nadie le gusta estar sólo y sino prueben escuchar la discografía completa de Morrissey un sábado a la noche y van a entender lo que hablo(?).
La última persona con la que salí (si se le puede llamar salir a verse una vez por mes) -si, vos y si lees esto es porque no me borraste del msn je-, me dijo adiós a los tres meses, no sin antes escuchar mi patético llanto por el tubo telefónico.
Y ahora, no sé, tengo menos expectativas que nunca, casi me estoy resignado a la soltería menos idílica que existe, esa que no tiene nada, pero nada, que ver con lo que me muestran las series de televisión que veo.
Un ejemplo cabal de ello son el tipo de actividades que últimamente ocupan mis días: voy al cine sola, recorriendo cada librería o disquería que se me cruce en el camino, haciendo paradas estratégicas en los kioscos para comprar bebidas o cigarrillos, y vuelvo de noche en colectivo, para esconderme en el último asiento y leer libros usados e impregnados de tierra y olor a humedad que no me dejen pesar en otra cosa, ni mirar lo que pasa al rededor.
En una de mis últimas visitas al cine me pegué un gran susto cuando, caminado por Corrientes y Callao, me topé con un completo extraño que me siguió una calle entera para preguntarme “si había ido a ‘ese’ festival de cine independiente” y luego decirme “vos decís que estas apurada pero yo veo que lo tuyo es ansiedad ¿o me equivoco?”.
La verdad es que al chico le sobraba cara de loquito y daba más para cambiarse de vereda que para seguir por la misma, en un paso más rápido, y pensar lo que me dijo, como finalmente hice.
Si el pánico no me hubiera ganado , me habría gustado contestarle que no, no es ansiedad.
Pensar en el futuro no me genera ansiedad, sobran las evidencias de que nunca lo hizo. Lo que tengo es sólo temor, un gran miedo a la soledad, aún más grande que el que me dio que un perfecto desconocido, con la excusa de saber algo sobre mí, irrumpiera en ella.

Thursday, November 30, 2006

"Only connect..."*

“Only connect the prose and the passion”

"Howars end"- E. M Foster


Era una de esas primeras tardes de primavera de Buenos Aires. Me hallaba sentada sobre el pasto mientras una idea, de esas bastantes persistentes, rondaba en mi cabeza. Con el correr de los minutos, el sol fue cambiando de lugar y el árbol que suspendía su copa sobre mi cabeza me fue dejando a la nada simpática intemperie y amenazada por los rayos solares. Decidí que si no quería que mis escasa ideas se derritieran con el calor lo mejor sería cambiar de lugar.
Dando varios pasos hacia atrás, alejándome de la orilla del lago, mi visión se nubló hasta que la superficie y el agua se superponían. Todo comenzó a confundirse y mezclarse. La gente que pasaba corriendo, del otro lado del parque, parecía estar trotando sobre un puente. Porque se movían pero no cambiaban de lugar, no a avanzaban, entonces la situación se volvía confusa. Los que hacían abdominales sobre el césped parecían estar flotando en la superficie del agua. En un plano mucho más surrealista, visto boca a arriba desde el pasto, y subiendo mis manos como queriendo tocar las escasas nubes que había, mis brazos, por lo largos que son, se podían mezclar con las ramas de los árboles.
Entonces, me puse a pensar hasta qué punto las cosas pueden cambiar de lugar y confundirse. Y cómo es que pueden llegar a parecer una sola cosa.
Para poner un ejemplo, a veces me resulta increíble que podamos recordar los nombres de nuestros cuatro mejores amigos, diez compañeros de trabajo, compañeros de la facultad y familiares sin confundirlos. Sin asociar la voz de uno, con la cara de otro, sin mezclar los recuerdos y los enojos.
A menudo la vista y la memoria me han jugado malas pasadas. Históricamente he sido muy mala para recordar los nombres, tanto que cada vez que conozco a alguien nuevo le aclaro que en menos de un minuto voy a olvidarlo.
Los horarios y fechas tampoco son mi especialidad, he llegado a leer que tenia turno para el médico en cierto día pero confundir la hora diecisiete con el día diecisiete y por consiguiente perder el turno. Esto último, me ha hecho experta en sufrir humillaciones varias de recepcionistas y secretarias del rubro.
A veces me consuela la certeza de saber que no soy la única. Conozco mucha gente, como yo, a quienes a cada minuto les aumenta las probabilidades de olvidarse el bolso en algún destino que difícilmente recodarán luego.
Todos coincidimos en un punto: con los casos repetidos uno empieza a buscar razones en donde la razón no cabe. Echamos una mano a la (siempre útil en estos casos) teoría psicologista, y decimos que si perdimos las llaves era porque no queríamos volver o si nos olvidamos algo en un lugar es porque no nos queríamos ir.
Y por experiencia propia digo que a veces, aunque quizás por obra del azar, coincide. Por ejemplo, mis últimas vacaciones en la costa fueron tan horribles que el día que me fui, después de hacer las valijas, yo estaba segura de que no me olvidaba nada, lo cual es rarísimo en mí.
El punto aquí sería si aquel ente invisible denominado inconsciente actúa en nosotros o nosotros actuamos en función de él usándolo como excusa. Sí, pobre inconsciente, sin duda uno de los descubrimientos más provechosos de la humanidad ( y de los bolsillos de los psicólogos) y yo lo reduje a mera excusa.
Un tema aparte sería la “sugestión”. Es interesante ese control que tenemos sobre nosotros mismos como para imaginar que nos sentimos mal y que eso suceda. Entonces, no sería tan descabellado imaginar que perdemos las llaves porque alguna razón inconsciente y que eso suceda. Aunque, mi teoría se refuta en el hecho de que al imaginarlo esa razón deja de ser inconsciente y se convierte en excusa.
La hipótesis de mis padres dice que simplemente “no presto atención” y que “siempre estoy pensando en otra cosa”. Se trata de la variante más conocida de esa famosa patología popular llamada ”cabeza de novio o enamorada”. Y, aunque no están tan equivocados, ante ellos prefiero subjetivar a la memoria, antes que atribuirme una falta de atención que ponga dudas sobre mi capacidad intelectual.
Algunos psicólogos me han hablado de una falta de conexión con el mundo exterior. Y yo me inclino más hacia esa suposición. Soy parte de un todo pero a veces se me hace difícil conectarlo. Ahora que lo puedo observar, quizás sea poco como este parque. Claro, es que un parque es ese lugar que está dentro de la ciudad que es parte, y sobre todo pulmón, pero paradójicamente, no se conecta con el resto. Sería una especie de ciudadela dentro de la misma ciudad. No sólo por poseer habitantes que le son propios, sino porque sus calles empiezan y terminan dentro de sí. Se podría decir, en una analogía lingüística, que no existe una metonimia con el mundo exterior en un parque.
A riesgo de sonar una analogía demasiado extrema, podría corroborar que ciertas veces me siento un poco así como dentro y fuera al mismo tiempo, del mismo contexto.
A veces pienso que cada persona sería un mini mundo, dentro del gran mundo que habita, y se puede hacer difícil prestar atención constante a todo lo que a uno lo rodea.
Quizás no sea conexión lo que me haga falta. Tal vez baste con una simple aproximación diferente a las cosas. Algo parecido a lo que habla Georges Perec en su ensayo “¿Aproximación a que?”: “Describa su calle. Describa la otra. Compare. Haga el inventario de sus bolsillos, de su bolso Interróguese sobre el lugar de donde provienen, el uso del devenir de cada uno de los objetos que saca de ahí...”.
Observar el detalle, pero no por un simple hecho de aferrase a lo material, sino para no perder contacto con el exterior, que luego se manifiesta en las pérdidas y los olvidos cotidianos como síntomas. Intentar ver mas allá de lo que podemos ver y de lo que quieren que veamos. Indagar lo que hay por debajo de la superficie para no perdernos como si fuéramos objetos de una sociedad distraída.

Saturday, October 21, 2006

Orden y desorden

"Anything is hard to find
when you will not open your eyes"

Algunos, no sin razón, creen que estos dos polos opuestos pueden definirnos como personas. Lo cierto es que, aunque aparenten ser enemigos entre si, juntos pueden constituir una parte esencial de nuestra individualidad.
Existen esas personas extremadamente ordenadas, para las cuales un media fuera de lugar puede representar una tragedia insoslayable. En cambio, otros alegan convivir perfectamente con su desorden. Definiéndolo como una suerte de funcionalidad.
Lo cierto es que conocer tanto el desorden propio puede hacer que perdamos menos cosas. Seguramente, alguna vez nos ha pasado que guardamos tan celosamente algo que después, de tan bien escondido que estaba, no lo hemos podido encontrar.
Orden y desorden pueden (O acaso ¿deben?) convivir en una misma persona.
Cuando pienso en esto, es imposible obviar hablar del lugar que habito la mayor parte de mi tiempo. Aquél cuarto al fondo de mi casa cuya inhospitalidad a veces me avergüenza. Se trata de mi propia habitación. En efecto, lo que hay en ella es un verdadero desorden no funcional. Buscar algo allí puede ser más frustrante que aquello de “la aguja en el pajar”. En el ríspido terreno de la mesa de mi escritorio no hay posibilidad de levantar algo, sin que algún otro desafortunado objeto sufra los efectos de la gravedad. Nunca intentes entrar a mi preciada bitácora sin mirar al suelo. Lo menos que podría pasarte es sentir el crujido de algún plástico.
Cualquiera podría imaginarse que el aspecto estético de una mujer que vive en tales condiciones debería ser, equivalentemente, desaliñado y descuidado.
Paradójicamente, mi apariencia exterior niega todo esa desprolijidad que hay en el interior de mi habitación. Cuando salgo a la calle, todo tiene que estar perfectamente combinado: los zapatos, el cinturón, la cartera. Todo armónicamente conectado. He llegado a combinar el aroma de un perfume con el color de la ropa. Y aunque algunos fantasearán con el hecho de que soy una mujer “multisentido”, se desilusionarán al entender que no es ningún método de seducción, sino mas bien puro reflejo de defensa.
A las mujeres como yo el exterior se nos presenta como imprevisible y amenazante. Preferimos el confort en el desorden oculto de nuestras habitaciones. Concurrimos al modo mas fácil de no enfrentar ese exterior que nos “desordena” actuando y luciendo de la manera más ordenada posible.
Pero claro, siempre hay algo que esta fuera de nuestro alcance. Cosas que no podemos controlar. El acercamiento de factores ajenos e invasores se hace inevitable.
Vivimos en una sociedad y no podemos desentendernos de las personas que la componen. No nos queda otra que aceptar que nuestro mundo de cartón, automático y predecible, que parece tan fuerte, lleva un sello de frágil.
No todos los humanos tenemos la habilidad de traspasar ese armazón que nos separa del mundo exterior y seguir siendo nosotros mismos. Es esa sensación de que en cada intento de socialización dejamos demasiado de nuestra personalidad atrás, lo que nos hace retroceder para no perdernos.